Se realizó una Misa por el XXIV Encuentro del Pueblo de Dios y las diócesis de Goya Sto.Tome y Capital a favor de las»Dos Vidas»

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Monseñor Andrés Stanovnik presidió la misa en la iglesia Catedral. Se renovó la Consagración a la Virgen por “la defensa de las Dos Vidas».

En XXIV Encuentro del Pueblo de Dios se realizó esta mañana en la iglesia Catedral. Si bien estaba previsto que la actividad fuera en la localidad de Concepción del Yaguareté Corá, finalmente fue decidido que se concrete en la capital provincial.

La celebración estuvo presidida por el Arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, quien instó a “cuidar y respetar la vida desde la concepción hasta su muerte natural y nos veamos libres de todo peligro de alma y de cuerpo”. En la oportunidad se renovó la Consagración al Corazón Inmaculado de la Bienaventurada Virgen María, junto con las diócesis de Goya y de Santo Tomé, por “la defensa de las Dos Vidas”.

En su homilía, Monseñor Andrés consideró que “la historia de los hombres y de cada persona es, por una parte, un permanente combate entre vivir como si Dios no existiera, haciendo de todo para hacerlo desaparecer, o si no, al menos, privatizarlo para que su presencia no moleste en la vida pública; y por otra parte, felizmente comprobamos también con mucho consuelo y alegría el testimonio sereno, gozoso y valiente de muchos niños, jóvenes y adultos que desean hacer lo que Dios quiere y viven en su presencia, lo celebran en las fiestas, y le suplican que no nos deje solos, que nos acompañe como peregrino hasta el final de nuestra vida y nos lleve luego al encuentro con Él”.

Agregó: “También nosotros nos encontramos permanentemente en esa encrucijada de caminos: hacer lo que Dios quiere y vivir en amistad con Él; o vivir prescindiendo de Dios, sin importar si lo que vivo y cómo lo vivo está de acuerdo con lo que Dios, al crearme, ha soñado de mi vida”.

Más adelante, Stanovnik señaló: “Qué bendición son los altares familiares, en los que tenemos entronizada la imagen de nuestra Tierna Madre de Itatí, porque nos recuerdan que la vida sin Ella pierde brillo y la esperanza queda huérfana de horizonte. En cambio, si le hacemos un lugar destacado en nuestra vida y en la vida de nuestras familias, su presencia alimenta y sostiene nuestra esperanza. Con ella aprendemos a escuchar y orar; a acoger al otro y a ponernos a su servicio; y a mirar todo desde Dios, como lo hizo Ella, anhelando siempre cumplir su voluntad. Así, en María, la esperanza se hace comunidad y misión”.

“Hoy queremos confesar abierta y decididamente que María es esperanza nuestra, porque en ella se cumplió la bienaventuranza de los limpios de corazón, promesa que nos asegura el cumplimiento de esos mismos anhelos que Dios ha sembrado en nuestros corazones. Por eso, e Ella le suplicamos que nos dé un corazón puro, humilde y prudente, y nos sostenga en la paciente tarea de gestar un mundo en el que nos miremos con los ojos de Jesús, nos tratemos con los sentimientos de amistad que Él desea tener con nosotros, y juntos nos cuidemos entre nosotros y el lugar que habitamos”, finalizó el prelado.

Luego se realizó la Consagración a la Virgen y la “oración por las dos vidas”. “Estamos convencidos que, al cuidarnos y cuidar al otro, sin excluir a nadie y atentos a los más débiles estaremos curando heridas, superando grietas y afianzando el camino hacia un verdadero encuentro de hermanos”, señalaron en dicha ocasión.

 

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