Mujeres que sirven a la Virgen Morena cuentan sus bendiciones
Antes del inicio de la novena, el 30 de junio pasado, Melania Sosa, Sara Barrios y Susana López realizaron la ceremonia de “vestición”. Contaron, en primera persona, los detalles de su labor.
Una vez al año, antes de los festejos patronales del 9 de julio, las mujeres que realizan la discreta labor de vestir a la Virgen preparan con días de anticipación los atuendos y esperan el llamado del párroco. Se trata de una ceremonia que, aunque en la historia tuvo momentos donde se realizaba con un número mayor de fieles presentes, se acostumbra a realizar de manera casi “íntima”.
“Siempre participa un sacerdote, a veces más de uno, que mientras se viste a la Virgen ellos rezan. También está presente alguno de los custodios, que son los que ayudan a mover la imágen. Y nosotras, las camareras”, describió Melania Sosa, la más antigua de las damas que se ocupan de esta labor. Con 82 años, y más de 40 al servicio de esta tarea con la Virgen Morena, aún se emociona como al principio.
“A mí me convocó el obispo, monseñor López, hace más de 40 años. Me mandó una nota , para convocarme a ayudar a la señora Clotilde Niella de Azcoaga, que en ese entonces estaba sola con la tarea. Además habían nombrado tres custodios. En ese momento de vestir a la Virgen, una se siente como si estuviera en el cielo”, describió doña Melania. Una mujer convoca a otra y, en la actualidad, dos de las cuatro camareras que realizan esta labor son nietas de esta tradición. Es el caso de Teresita Gónzalez Azcoaga y de Susana López, nieta de uno de los primeros custodios, Mario Zacarías Ayala.
“Hace 11 años que estoy en esta tarea. Empezamos juntas, con Teresita. Para mí, representa una alegría inmensa, se conjugan muchas emociones: ella es tan hermosa, tan tierna”, describió. “Uno no puede pretender nada mejor que estar cerca de Ella. Siento una gratitud muy grande por haber nacido en este pueblo y tener este honor”, aseguró.
“Los días previos ya preparamos las ropas, elegimos el atuendo de entre varios, para que esté lo más linda posible.
Será esa la ropa que utilice todo el año. Se plancha, se ve que esté todo en condiciones. Luego, en el día en que el párroco dispone, se cierra la Basílica al finalizar la misa y subimos al camarín, donde se hace la vestición. Lo primero es hacer una oración y luego sí iniciamos el proceso de vestirla. Este año la tarea llevó dos horas”, relató Susana.
“Atesoramos cada momento con ella. Recibimos un inmenso amor, como solo las madres pueden darlo”, expresó Susana. Este año, una mantilla de ñandutí cubre su manto, y fue lo que más tiempo llevó acomodar. Algunos años el atuendo de la Virgen es la donación particular de algunos fieles, o de algun diseñador. Otras veces se trata de ropa realizada por mujeres consagradas de distintas congregaciones, religiosas que se dedican a coser y a bordar con mucho detalle cada parte.
“No solo estamos para vestir a la Virgen original. También a la imagen peregrina y a la del empalme”, recordó a su turno Sara Barrios, quien participó este año por primera vez de la vestición en el camarín.
“Siempre le pedimos por nuestras familias, y ahora también por el fin de la pandemia. Mi marido, en 2016, fue diagnosticado con cáncer. Le puse bajo su almohada un pedacito del manto de la Virgen, y al tiempo tuvimos la bendición de que se curó. Toda nuestras vida está bajo su manto”, remarcó Sara al final.