«La camiseta logra silenciar las grietas que nos entristecen»

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El arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, aseguró a época que el transitar de la Selección Nacional por la Copa del Mundo representa una oportunidad para reflexionar sobre la unidad, el respeto y el sentido de pertenencia entre los argentinos.

La clasificación de la Selección Argentina a los octavos de final del Mundial FIFA 2026 volvió a desatar una escena que ya es sinónimo de este Mundial. Banderas celestes y blancas colgadas en balcones y comercios, camisetas en las calles, reuniones familiares alrededor del televisor y abrazos espontáneos entre desconocidos después de cada gol componen una postal que trasciende el deporte y parece suspender, aunque sea por un instante, las diferencias que habitualmente atraviesan a la sociedad argentina.

En ese clima de entusiasmo colectivo, el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain reflexionó sobre el fenómeno que despierta la Selección y aseguró que el Mundial pone de manifiesto una realidad mucho más profunda que la pasión futbolera: la capacidad de los argentinos para reconocerse como parte de un mismo pueblo.»Estos días de Mundial nos vuelven a recordar algo muy profundo del alma y del espíritu argentino. Más allá del resultado de un partido, emerge un sentimiento de pertenencia que nos abraza como pueblo», expresó.

Para el prelado, la Albiceleste consigue algo que pocas veces ocurre en otros ámbitos de la vida nacional. «La camiseta celeste y blanca logra, por momentos, silenciar tantas divisiones, rivalidades y grietas que lamentablemente con frecuencia nos entristecen como nación. Nos descubrimos alentando juntos, abrazándonos con desconocido, emocionándonos con un mismo gol y pronunciando todos juntos un ‘Vamos Argentina’», sostuvo.

Larregain señaló que el fenómeno puede observarse en cada rincón de la ciudad. Camisetas, banderas, gorros, afiches y vidrieras decoradas con los colores nacionales son la expresión visible de una identificación colectiva que atraviesa generaciones y sectores sociales.

Mucho más que un deporte

Desde su mirada pastoral, el arzobispo aclaró que el fútbol no resuelve los problemas del país, aunque sí deja al descubierto una fortaleza social muchas veces olvidada.»No porque el fútbol sea la solución a nuestros problemas, sino porque revela algo que está debajo y que es muy profundo. Pone de manifiesto que los argentinos sí somos capaces de caminar unidos cuando encontramos algo que nos convoca por encima de los intereses personales», postuló

Para Larregain, esa experiencia compartida constituye una demostración concreta de que la fraternidad es posible. «Quizás sea pasajera, pero nos revela que la fraternidad no es una utopía ni algo inalcanzable, sino una posibilidad real que habita en el corazón de nuestro pueblo. Basta rascar un poquito y enseguida aflora», amplió al ahondar en su reflexión.

En un contexto donde la confrontación política y las tensiones sociales suelen ocupar el centro de la escena pública, el arzobispo consideró que el Mundial ofrece una oportunidad para reflexionar sobre aquello que une a los argentinos por encima de las diferencias.

Messi, líder desde la humildadConsultado sobre la denominada «argentinamanía», Larregain reconoció que también vive con entusiasmo cada presentación de la Selección y destacó especialmente la figura de Lionel Messi.»Me emociona el esfuerzo de la Scaloneta y admiro el compromiso de nuestros jugadores. La grandeza de Messi no radica solamente en su extraordinario talento deportivo, sino también en su humildad, su perseverancia, el espíritu de equipo y la serenidad con la que ha sabido ejercer el liderazgo.»

A su entender, esos valores convierten al capitán argentino en un ejemplo para las nuevas generaciones. «También es muy valioso el lugar que ocupa lo espiritual en su vida —acotó— el reconocimiento de que el talento es un don que Dios le ha regalado. Ese testimonio también transmite un mensaje muy importante.

«Finalmente, el arzobispo expresó su deseo de que el clima de comunión generado alrededor de la selección trascienda el campeonato y pueda proyectarse hacia la vida cotidiana.»Ojalá que la alegría que compartimos estos días no quede reducida solamente al Mundial. Sería hermoso que ese mismo espíritu de comunión, de respeto y de alegría compartida pudiera prolongarse en la vida cotidiana entre los argentinos», dijo casi a modo de anhelo

Y concluyó con un mensaje que resume el sentido de su reflexión: «Si podemos unirnos para alentar una camiseta, también podemos aprender a encontrarnos para construir una Argentina más fraterna, reconciliada y esperanzada. Cuando dejamos de lado aquello que nos enfrenta y privilegiamos lo que nos une descubrimos la mejor versión de nosotros mismos y de nuestro pueblo. Ese es un tesoro que no debemos perder y que tenemos la responsabilidad de cultivar»

Un fenómeno que excede a la competenciaCada Mundial suele convertirse en una pausa dentro de la intensa dinámica cotidiana del país. Las diferencias políticas, económicas o sociales parecen ceder espacio, al menos durante noventa minutos, a una identidad compartida que se expresa en una bandera, una camiseta y un mismo grito de aliento. Es justamente sobre esa capacidad de encuentro donde el arzobispo puso el foco y valoró la fraternidad de la sociedad argentina.

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