El profesor que inspira a los alumnos a aprender sobre la biodiversidad local
Hace más de 2 décadas, el docente contagia las ganas de conocer los recursos naturales para generar conocimientos que mejoren la vida de la comunidad. Ahora, entre otros temas, impulsa una investigación de un bioindicador de contaminación
Leonardo Amarilla, o el profe Leo como lo llaman quienes alguna vez fueron sus alumnos en su San Roque natal, es uno de los 6 finalistas de la distinción nacional que impulsan Clarín y Zurich Argentina: «Docentes que inspiran». Fue seleccionado entre 2.000 educadores de distintos lugares del país. La noticia generó impacto en su comunidad y no son pocos los que coinciden en que merece un reconocimiento a una virtud que cultiva hace más de 20 años en el mismo terruño que lo vio nacer.
Leo llegó a optar por el profesorado de Biología porque creyó que a diario tendría tiempo para trabajar. Es que solo estudiar lo consideraba un lujo que no se podía dar. Sucede que migrar de su hogar en San Roque e ir a Corrientes para convertirse en un estudiante universitario no era algo sencillo por los recursos económicos que eso implicaba.
Pero la hospitalidad de familiares hizo que tuviera la posibilidad de tener un lugar para vivir sin que esto significara el pago de un alquiler.
Pronto, se sintió cautivado por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la UNNE. Una institución -subrayó- a la que siempre le estará agradecido, porque en ella aprendió que amaba la biología y ese sentimiento se lo quería transmitir a sus futuros alumnos.
Conclusiones a las que no llegó solo, sino de la mano de docentes universitarios que lograron más que transmitirle conocimientos académicos. Con ellos también enseguida dimensionó que necesitaría dedicarle más tiempo del proyectado, por lo que se frustró su idea de que podría trabajar todos los días.
Consciente ya de la realidad en la que estaba inmerso, tuvo que optar por hacer solo algunas changas los fines de semana.
Esto le significó una serie de adversidades, pero estimó que valían la pena. Enfrentó cada una de ellas y eso permitió que en 2003 pueda regresar a vivir otra vez en su pueblo natal. Sin embargo, esta vez regresó como profesor de Biología, título que recibió al egresar de una facultad de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).
Transporte e inicio
A partir de aquel año y hasta mayo del actual, Amarilla daba clases en el área urbana de San Roque, pero además en otras poblaciones rurales de esa jurisdicción comunal y en Mantilla. Para trasladarse por las carreteras, el profe Leo -según el lugar- empleaba una camioneta que alquilaba con otros docentes: iba en el auto de algún colega o bien en moto.
Cada clase y viaje le consumía parte de su día. Sin embargo, nunca logró reducirle sus ganas de seguir aprendiendo y -especialmente- de compartir ese proceso con los estudiantes.
Po eso, en el mismo año que comenzó como docente, Leonardo comenzó a trabajar con alumnos. «Recuerdo que estaba cursando cuarto año cuando iniciamos una investigación para comprobar que la chinche de agua tenía como preferencia alimentarse de larvas de vectores que transmitían enfermedades», expresó uno de los exalumnos de Amarilla y actual profesor de Matemáticas, Ricardo Robledo, remontándose así a lo sucedido hace dos décadas, cuando el profe los inspiró a él y a otros compañeros a investigar.
Las averiguaciones que realizaron, luego se transformó en un trabajo que, en 2004, expusieron en la Feria de Ciencias a nivel nacional.
Allí, obtuvieron un pase a la Feria Internacional de Ciencias e Ingeniería que se desarrolló en Phoenix (Estados Unidos). Ciudad a la que viajaron en mayo de 2005.
Pero ese mismo año resolvieron presentar su propuesta para el Premio Junior del Agua de Estocolmo (Suecia). «Nos llamaron en abril desde la Embajada que hay en Buenos Aires. Ahí ganamos y pudimos viajar allá», recordó Robledo.
Pero además de la experiencia de ver otros paisajes, otras culturas y hasta intercambiar información, los sanroqueños -rememoró Amarilla- obtuvieron un premio a la excelencia. Una distinción que Argentina recibió junto a otros dos países y que lo obtuvo hasta ahora por única vez.
En esa oportunidad, el equipo estaba integrado por el profesor Amarilla, Robledo y Sergio Legal, quien desde 2011 es docente de Biología y, como tal, también colabora en el museo escolar Doctor José Bechara (Escuela Normal) donde su mentor de aquella época es coordinador a partir de mayo de 2023.
Las distinciones no cesaron ahí. En el 2006, con sus alumnos, Amarilla volvió a competir en Buenos Aires. Obtuvieron el primer premio y eso les permitió retornar a Suecia, aunque esta vez no proponían a la chinche de agua para controlar -sin usar insecticidas- a los vectores, sino a peces.
Este y otros galardones se fueron acumulando en las experiencias de alumnos y del profe Leo.
No obstante, el docente creyó que era el momento de iniciar otro desafío: crear un museo de ciencia escolar en la Escuela Normal de San Roque. Esto implicaba investigar y en 2018 volvieron a competir a Suecia, pero esta vez presentaron un proyecto en el cual el controlador biológico de los vectores era la tararira negra. En paralelo, 120 alumnos encuestaron a pobladores de una zona que se inundaba cuando desbordaba el río.
Los datos extraídos de ese muestreo les permitió a los sanroqueños viajar a Japón para exponer el trabajo realizado.
«En esa oportunidad no competían, solo exponían, pero yo no pude viajar debido a que no hablaba en inglés. Por eso, siempre les digo a los alumnos que estudien ese idioma, para que no les pase lo mismo que a mí», afirmó Amarilla.
