El Nuncio Apostólico en la Argentina, Mons. Mirosław Adamczyk visita Corrientes
Imposición del Palio Arzobispal a monseñor José Adolfo Larregain
El próximo 24 de septiembre, en la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, Patrona jurada de la ciudad de Corrientes, el Nuncio Apostólico en la Argentina, Mons. Mirosław Adamczyk, impondrá el Palio Arzobispal a nuestro Arzobispo, Mons. José Adolfo Larregain.
La celebración se llevará a cabo durante la Santa Misa, luego de la solemne procesión, que se iniciará a las 16. Será un momento de gracia compartido con todo el Pueblo de Dios.
*El Palio*.
En una reflexión teológico-pastoral, Monseñor Larregain explica el profundo sentido de este signo litúrgico. Adjuntamos el texto completo de la reflexión de nuestro Arzobispo, que ayudará a preparar el corazón para esta celebración tan especial que vivirá la Iglesia correntina.
El palio arzobispal
Reflexión teológica pastoral sobre su simbología
Tiene sus orígenes en la cultura greco romana siendo un ornamento propio del sumo pontífice desde el siglo V y por concesiones particulares desde el siglo VI. Llegó a ser de uso ordinario para los arzobispos a partir del siglo IX. Se coloca sobre los hombros como símbolo visible de pastoreo y recuerdo del oficio de cargar como el pastor lo hizo en la parábola de la oveja perdida (Cf. Lc. 15, 4-6). Denota potestad jurisdiccional sobre una provincia eclesiástica, simboliza la comunión con el Papa y la Iglesia universal, representa la responsabilidad pastoral y la relación con la iglesia local destacando la participación de los fieles y de las diócesis sufragáneas. Es vínculo de caridad y fortaleza recordando el compromiso con la fe, la esperanza y la caridad.
El nombre deriva de pallium “banda de lana” que en su etimología significa manto o cubierta, haciendo alusión al acto de curar, aliviar el dolor, tener los síntomas bajo control, proporcionar bienestar ante los sufrimientos, etc. Presenta seis cruces entrelazadas y culmina con una borla de seda negra en sus extremos. Es un ornamento litúrgico que el Papa impone a los arzobispos siendo signo de la unión entre ellos y la Santa Sede. Su tira de lana es de 6 cm. de ancho por 36 cm. de largo, con forma de collar rectangular que se coloca sobre los hombros y de la cual cuelgan al pecho y a la espalda dos tiras sobre las cuales están bordadas las cruces. Las mismas hacen memoria de las heridas del Cordero de Dios, acompañadas de tres vistosos alfileres que significan los clavos de la pasión de Cristo.
Se confecciona con la lana esquilada de los corderos en la fiesta de Santa Inés (21 de enero) en una capilla del Palacio Apostólico. Se lo coloca en un cofre sobre la tumba de san Pedro en la Basílica de san Pedro de la ciudad del Vaticano, por lo tanto es considerado una reliquia de contacto de tercer grado. En la misa de la Fiesta de San Pedro y san Pablo (29 de junio) son bendecidos y entregados solemnemente por el papa a los nuevos arzobispos.
Su imposición trasciende lo meramente ceremonial, poseyendo un profundo simbolismo teológico pastoral. Su uso no es simplemente una cuestión de vestimenta y ornamentación litúrgica vistosa, es emblema del compromiso con la misión pastoral al rebaño confiado. El palio arzobispal es rico en su analogía: la lana del cordero representa la oveja perdida, enferma o débil que el pastor lleva sobre su espalda para conducirla a los verdes pastos y aguas fecundas de la vida. La parábola de la oveja extraviada que el pastor busca en el desierto en los Padres de la Iglesia es imagen del misterio esponsal de Cristo y de la Iglesia. La humanidad –todos nosotros- somos la oveja descarriada, corrompida, abandonada, que no puede encontrar la senda, está confundida, desorientada, cansada, agobiada, maltrecha y es necesario auxiliar, sanar, cuidar, guiar, proteger y servir.
El Hijo de Dios no abandona la humanidad ante situaciones límites, dolorosas, miserables. Se pone en movimiento, en actitud de salida para ir en busca de la oveja alejada, marginada e ir tras ella, incluso hasta el extremo de la cruz. La coloca sobre sus hombros y de ese modo carga con nuestra frágil condición humana, nos conduce a nosotros mismos, es el Buen Pastor, que ofrece su vida por las ovejas. El palio indica primeramente que Cristo nos lleva a nosotros y al mismo tiempo, nos invita a llevarnos comprometidamente unos a otros. Es un llamado a la mutua carga, a la humildad, al servicio y sacrificio en el ejercicio del ministerio episcopal.
El Palio es signo de potestad de la cual se halla investido por derecho en su Provincia eclesiástica el Arzobispo que lo recibe; en tiempos de sinodalidad se nos invita a repensar que el verdadero poder es el servicio y para ejercerlo es preciso abrir el corazón para custodiar al Pueblo de Dios, acogiendo con el afecto y la ternura del Buen Pastor a toda la humanidad doliente y sufriente.
Fray José Adolfo Larregain ofm.


