Anticipan que el impacto de un Niño que será histórico
Las precipitaciones de las últimas semanas y la crecida de los ríos dejaron las cuencas al límite de su capacidad de absorción. Defensa Civil sostiene que la emergencia «no se agrava, se adelanta».
Las lluvias extraordinarias que afectan a Corrientes y la creciente de los ríos Uruguay y Paraná no representan únicamente una emergencia del presente. También constituyen un anticipo de las condiciones que podría imponer El Niño durante los próximos meses. La principal preocupación es que las cuencas y las napas subterráneas ya se encuentran prácticamente saturadas, por lo que cualquier nuevo episodio de precipitaciones intensas o un nuevo pulso de crecida tendrá un impacto mucho mayor sobre ciudades, caminos y zonas rurales.

Esa es la lectura que comparten tanto el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) como el meteorólogo Mauricio Saldívar. Desde el Gobierno provincial, el titular del organismo y director de Defensa Civil, Bruno Lovison, explicó que «la emergencia no se agrava, se adelanta». Según indicó, las abundantes lluvias registradas en el centro y sur provincial recargaron completamente las cuencas, dejando al suelo con escasa capacidad para absorber nuevos aportes de agua.
En términos hidrológicos, el escenario es complejo. Cuando las napas alcanzan su máximo nivel, la infiltración disminuye considerablemente y el excedente se transforma rápidamente en escorrentía superficial. En otras palabras, el agua ya no encuentra dónde infiltrarse y termina anegando campos, barrios y rutas con mayor rapidez que semanas atrás.
A este panorama se suma la crecida del río Uruguay, alimentada por las intensas precipitaciones caídas en Misiones, mientras el Paraná mantiene niveles elevados. Para el COE, los primeros días de agosto podrían concentrar los momentos de mayor tensión, motivo por el cual continúan los monitoreos permanentes y la asistencia en distintas localidades.
Sin embargo, la preocupación trasciende esta emergencia. Mauricio Saldívar advirtió que todos los modelos climáticos coinciden en señalar que El Niño 2026-2027 tendrá una intensidad elevada e incluso podría superar los grandes eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Si bien aclaró que ningún episodio es idéntico a otro, sostuvo que la combinación entre un fenómeno más potente y el cambio climático incrementa el riesgo de precipitaciones extremas e inundaciones en el Litoral.
En ese contexto, las lluvias actuales funcionan como una antesala. La saturación de los suelos y de las napas reduce el margen de respuesta del territorio frente a nuevos eventos, acelerando condiciones que originalmente se esperaban para los próximos meses. Por eso, tanto Lovison como Saldívar coinciden en que la clave pasa por la prevención. Obras hidráulicas, monitoreo permanente, planificación urbana y sistemas de alerta temprana aparecen como herramientas indispensables para reducir el impacto de un escenario que, lejos de ser excepcional, podría convertirse en la nueva normalidad climática para la región.