Aguanten los trapos
La palabra trapo viene del latín tardío drappus, que es ‘paño’. Según el Diccionario de la lengua española (DLE), es ‘pedazo de tela desechado’ o ‘vela de una embarcación’.
Un trapo es también el ‘paño de uso doméstico para secar, limpiar, quitar el polvo, etc.’. Trapear es fregar ‘con trapo o estropajo’.
En Argentina, la palabra tiene otro significado. Es la tela con leyendas escritas de una afición, como las que se despliegan en las canchas de fútbol.
«Cada tela pintada lleva barrio, amigos y memoria; cada color flamea con orgullo y rebeldía», escribe Nahuel de Lima en Tiempo Argentino, en una reseña sobre el documental Aguanten los trapos, de Sergio Rissi, en el que se muestra cómo las tribunas fueron trincheras de resistencia durante la dictadura cívico-militar.
15 de julio de 2026, estadio de Atlanta, Georgia (EE. UU.), semifinal de la Copa Mundial de Fútbol entre Argentina e Inglaterra.
Por lo que se sabe, un hincha escribió con pintura negra en una sábana del hotel Las Malvinas son argentinas. Ese trapo llegó hasta la cancha, donde la Albiceleste festejaba el triunfo 2-1 sobre los Tres Leones.

Giovani Lo Celso desplegó la tela arrugada, a él se unieron otros jugadores argentinos y ahí el trapo se convirtió en bandera y en un hecho político de alto simbolismo e impacto.
Como escribió en Perfil el fotógrafo Nicolás Heredia, la sábana escrita a mano con la misma técnica de un grafiti apareció «en un espectáculo organizado hasta en sus detalles más pequeños, atravesado por protocolos, patrocinadores, cámaras y controles».

«No era la riqueza del material la que sostenía el reclamo. Era la comunidad capaz de reconocerse en él».
Un trapo, una causa, una bandera, otra estrella.

Por: Fito Paniagua